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]]>docente de la ENMJN

El primer día de clases presenciales se dio. No importa demasiado si fue un lunes o un miércoles, ya que fue el primer encuentro con aquellas estudiantes que le dan espíritu a cada una de las letras de la palabra, y que inspiran al docente que intento ser. El día llegó, con sus tensiones, dolores, miedos y dudas; por fin, aquella noche del ya lejano 29 de marzo de 2020 está llegando ahora a su amanecer… Cómo olvidar aquella tarde previa en la que me despedí de mis compañeros(as) pensando que, probablemente, nos veríamos de nuevo en un máximo de un mes, cómo olvidar mi pensamiento absurdo de “seguro que serán sólo unas vacaciones largas”. No es por latiguearme, pero es cierto, fui absurdo e ignorante, incrédulo e irreverente.
Lo mediático de este mundo tan desbocado y fluido en el tiempo, me ha hecho dejar de mirar el todo, y, en cambio, únicamente segmento y transcurro en fragmentos escasos de ese tiempo, como si, cuando llueve, solamente viera las gotas aisladas caer del cielo, pero no ciñera en mi mente la imagen como la de una lluvia. Dicho acto de reconocimiento no ha sido para nada sencillo, en este mundo igualmente contradictorio en el que vivimos durante ya más de un año y medio de confinamiento, en donde el tiempo ha jugado el papel de “la loca”… Y en mi caso reconozco que sigo pensándome como si me hallara aún en el mes de septiembre, ¡pero del año 2020!
He (no temo en hablar en plural) y hemos pasado momentos más parecidos a una película, en la que el malo y todo poderoso es quien gobierna, quien nos borra de la realidad “verdadera“, y nos conduce hacia una realidad “ficticia”. Durante este largo periodo abandonamos algunos cariños, negocios, oportunidades, creencias, estilos de vida, parte de nuestra salud, muchos espacios, entre tantas otras cosas. Pienso que el auto abandono ha sido de lo más triste fue, pues me dejé (nos dejamos) triste en medio de esta profunda realidad. Así justamente fue la noche aquella del 29 de marzo; la luna se encontraba en cuarto creciente, pero en vez de lobos, hubo zombis, autómatas; y, más tarde, nuevamente dimos giros constantes de 360°:¿hacia dónde remar?, nos preguntamos; había miles de ideas sin idea, y la razón yacía perdida en una vasija infinita.
Insisto: mi actuar cambió, pero no porque yo cambiara, sino porque me cambiaron a mí; el mar no fue tempestuoso, sino el caudal constante y, por más que intentara resistir, cedí, como suelo decir, hay que nadar a contra marea, pero, si no hay un punto en el cual reposar o remontar, es mejor sólo fluir y esperar. Y eso es lo que ocurrió.

No puedo desmentir aquellos momentos en que la noche se hizo de luna llena y el infinito “bi-finito” (como llamo a este encierro pues no tengo otra manera de expresarme de él) maximizó mis emociones, mis tristezas se volvieron “tristeza por dos”, los enojos “enojos por dos”, y el punto más elevado de mis emociones fue la exacerbación en su plenitud.
Señalar que también padecí la holgazanería, que bajé el ritmo de vivir, hasta llegar al punto de que, en ciertos momentos, me sentí inútil en mis actos y mis voluntades; y, de manera súbita, un día encontré los trastes de la cocina hasta el tope: nuevamente el efecto de la noche larga de marzo se aparecía, la extraña noción del tiempo y la involuntariedad de mis actos se reviraban y al fin se juntaron como un cuerpo borroso, lánguido, unísono y, en el mismo acto, diluido. Esa peculiaridad de los trastes sucios parecería la broma de una película bizarra de ciencia ficción, una especie de puerta del espacio-tiempo, pues los lavaba, pero reaparecían y se multiplicaban, hasta que me dije: ¡mejor no lavarlos!… Pero, ¡oh sorpresa! …mi lado necio y obsesivo no lo permite, así que nuevamente esa broma de hacer y no hacer, ese ahora y ahorita, siempre reaparece.
Y reitero: aquella noche larga del 29 de marzo se comienza a sacudir; pero en esa sacudida hoy nos sigue y seguirá moviendo, al comprender que no somos lineales y que no es del todo sencillo, pues existe una gran complejidad en ese constructo. Sí, ese hablar de linealidad me remonta a la escuela, sin duda alguna, ¿de qué otra manera? La escuela como institución ha sido lineal en sostenerse, con resistencia al movimiento, la escuela que es estructura rígida y blindada… Entonces, ¿podría yo decir que la pandemia tuvo lados optimistas?… ¡Por supuesto que no! Aunque, si lo vemos bien, los optimistas debemos ser nosotros. La enfermedad por ningún lugar tiene algo bueno o medio bueno.
Lo adecuado, lo correcto y certero es lo que logramos ajustar en nuestros contextos, la creatividad que se ha ido tejiendo en medio de las emociones turbias y de nuestras experimentaciones, algunas rellenas de motivaciones, otras, de ignorancias (eso no significa no saber, sino no tener un conocimiento técnico), emociones ocurridas desde nuestras alquimias y otra más que provienen desde nuestros consumos. En todo lo anterior hubo actos de pensamientos impulsados por vivir, por regresar; este hecho fue como tomar una cobija para pasar de mejor manera el ventarrón de esa larga noche de marzo.
La duda es: ¿la pandemia por COVID 19 nos cambió la vida? Desde mi punto de vista, no, no cambió la vida social si se la entiende como la misma sociedad, como sus flujos y ritmos históricos, y aunque golpeó al capitalismo como no había sucedido, fue sólo un rasguño en la cara. Por otro lado, es posible que haya cambiado la vida de algunas personas, por las perdidas y los trastornos, por la caída de la economía familiar y el miedo. Así que la vida social no se ve alterada. El pobre seguirá pobre y los ricos, más ricos. Desafortunada y afortunadamente (sí, de esta manera ambivalente) el sistema no se afectó, un par de años semi frenados no alteran más de un siglo, el neoliberalismo y sus hijos, como lo es la híper individualización, siguen su camino y, quizá de modo triunfal, los ganadores de esta pandemia sí tienen nombre y apellido “Mercado Libre”, “Amazon” “Uber Eats”, etc.
¿Y por qué razón son los triunfadores? Esto es sencillo: por el hecho de evitar contagiarnos o disminuirnos. Muchas familias preferían estos servicios de entrega a domicilio que, es verdad, te hacen la vida más cómoda, pero nuevamente en desventaja de los que menos tienen, de miles de personas desempleadas, del cierre de tiendas y pequeñas empresas familiares que se vinieron abajo por causa del confinamiento y el obligado favorecimiento a estas empresas globales, siendo así, que abandonamos “por precaución higiénica” el comercio local, aunque científicamente (como nueva religión de la posmodernidad) nunca se garantizara formalmente que el envío a domicilio evitara los contagios.
¿A qué viene todo esto? ¿Qué tiene que ver con el amanecer? La vida me ha… nos ha hecho olvidar ciertas cosas, pero, afortunadamente, tenemos memoria, en realidad somos seres de historias, y una de ellas la recordé y la viví en estos días, de hecho, en esta semana: me retiré un poco la cobija que me resguardaba del frío de la noche larga de marzo, acudí al aula; porque no es lo mismo decir “ir a la escuela” que “ir al aula”. La escuela es un universo enorme, bello, seguro, pero la primera, por eso es la primera, tiene una razón cualitativa, aunque hablar de razón sería incorrecto, aquí me corrijo, la “senti-razón” del por qué es la primera, es porque renací al recordar qué es ser docente, a qué huele, qué se vibra en un aula y esto originado por la provocación de lo fundamental (así como ya hemos nominado por nombre y apellido, en este caso, se tiene que volver a hacer), dicha provocación proviene de las Ana López, Ana Segura, Ana Galdina, Ana Romero, Ana… lo principal en un aula no son ‘las aulas’, esos cúmulos de tabiques no tienen espíritu sin sus fundamentos verdaderos, sin sus Ana’s, y contando.

Se ha dicho que todo cambia en las escuelas, menos el docente, que el único que se va añejando es él, siendo de esta manera que, los espíritus estudiantiles son como buenos vahos de copal que transitan por los espacios pedagógicos y cambian de rumbos con los aires, pero (siempre con un buen pero) en esta ocasión los buenos aires retornaron rumbo a las aulas, aquellos cubos desérticos como dunas en el momento más frío de la noche, rompiendo estrepitosamente el silencio que guardaron por tanto tiempo. De esta manera, la antorcha se encendió como en la caverna de aquel mito platónico, pasando de la oscura a la alegoría con sus colores rojos (porque el rojo está en la circulación del cuerpo de la escuela).
Lo anterior no requirió de grandes momentos, ni de espacios prolongados; sólo requirió de la voz de aquellas y de aquellos… que subliman (comprendiéndose desde sus facultades psicológicas y físicas) en su recinto… en las aulas. Así, ¡que vivan las y los estudiantes!, nuevamente con este doble sentido del verbo: que vivan. Los espacios, como un corto de manga japonés, se tornan de colores vivos, sus risas y gritos toman los poros de los muros que anteriormente se encontraban vacíos y ahora se vuelcan en ecos de algarabía.

De inmediato los intereses por las tan llamadas aburridas tareas crecen, pero con deseo e ímpetu de que la tarea sea para el docente, y el optimismo senti-racional sea la baraja de aquellas que, como en guerra digna del Diario de Ana Frank, reconocen el sol y sus colores.
Bienaventurado sea este regreso, bienvenido sea el vaho de copal. ¿Qué nos esperará ahora? Muy posiblemente no tendremos idea, pero si en casi dos años no hemos aprendido, desaprendido y reaprendido que el mundo de las certezas se desquebrajó y que ir a alta velocidad no siempre es el aliado, entonces aún hay mucho que aprender en verdad. Hagamos ciertos altos, replanteemos y seamos capaces de ajustar aquellas anomalías por mínimas que sean, así como también reconozcamos las potencialidades que esta barca nos ha traído; entonces tras esa noche del 29 de marzo que nos cubrió en su penumbra, pero (y nuevamente con un buen pero), logramos sentir que el universo es maravilloso por el hecho de que somos parte de él, y que, además, soy (somos) un sujeto que es su propio universo capaz de explorarse y coexistir con otros universos; entonces, la noche del 29 de marzo habrá dejado sus telas oscuras y, por fin, comenzará el amanecer. Y siendo así sabremos que no siempre lloverá.
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]]>docente de la ENMJN
Hace 18 meses, frente a la creciente emergencia sanitaria provocada por el COVID, dejamos de asistir a la escuela. Para evitar la propagación del virus, la cuarentena hizo que casi 32 millones de alumnos y profesores de todos los niveles educativos se quedaran en casa (INEGI, 2020), pues 1 de cada 4 personas en este país somos estudiantes o profesores. Esta importante cifra, no incorpora a todo el personal administrativo y de apoyo que diariamente encuentra en las instituciones educativas su espacio de trabajo.
Sin embargo, los procesos de enseñanza-aprendizaje no se detuvieron. Las condiciones familiares, la conectividad y las habilidades digitales, no eran las adecuadas para trasladar la labor de la escuela a la sala de la casa. No estábamos listos para hacer home office. El sector educativo, junto con otros sectores como el médico, hemos seguido atendiendo nuestras actividades a pesar de estas condiciones. La Escuela Nacional para Maestras de Jardín de Niños (ENMJN) no fue la excepción. A partir del día 20 de marzo del 2020, respetuosos de las indicaciones de la autoridad de la Ciudad de México y preocupados por la salud de todo el personal que la conformamos, desempeñamos desde nuestro hogar las funciones que nos corresponden.
Han sido meses de reconstruir los espacios educativos. Transformar la casa y organizar las actividades familiares fueron sólo dos de las actividades que debimos hacer. Habilitarnos en el uso de las herramientas digitales para la educación a distancia también nos requirió tiempo, pero lo logramos. El trabajo colaborativo de autoridades, docentes, alumnas y personal administrativo y de apoyo dieron buenos resultados. Llegó el tiempo de reincorporarnos al trabajo presencial. Las instalaciones de nuestra escuela se encuentran listas para el regreso. Sabemos de las condiciones inciertas que vivimos en la Ciudad de México, uno de los estados de la República que más ha resentido la pandemia y el consecuente confinamiento.
En estas circunstancias y a días de estar nuevamente frente al pizarrón en los salones de clase, considerando que las alumnas son una parte fundamental de la labor docente, es dable hacer algunas preguntas: ¿Cuál es la percepción de las alumnas frente al regreso a la escuela? ¿Les motiva más la modalidad presencial que la modalidad virtual? ¿Cómo se vio impactado su promedio estudiando desde casa? ¿Prefieren aprender de manera presencial o virtual? ¿Se enfermaron de COVID-19? ¿Cómo afectó a su familia y su salud socioemocional la crisis sanitaria? ¿Están vacunadas?
En estas líneas se da cuenta de la información obtenida mediante una encuesta suministrada a las alumnas de 5º semestre de la Licenciatura en Educación Preescolar en la Escuela Nacional para Maestras de Jardín de Niños. Se diseñó y aplicó desde el Curso Herramientas Básicas para la Investigación Educativa. La información se recopiló durante los días del 04 al 06 de septiembre del 2021. Consistió construir y enviar un cuestionario conformado por 25 preguntas en diferentes formatos. De estas, 15 se construyeron con el objetivo de conocer las condiciones y opinión de las alumnas frente al regreso a clases en la modalidad presencial.
Para la recogida de datos se enviaron 224 cuestionarios al mismo número de alumnas que conforman la generación 2018-2022. Se recibieron 207 respuestas lo que representa el 92%. Esta proporción califica para ser considerada una muestra válida; por lo tanto, los resultados pueden ser vistos como indicadores de una tendencia.
Los gráficos que se presentan sólo muestran el dato sin que medie interpretación alguna. Los análisis e interpretación de la información bien pueden ser parte de las actividades de organización del semestre 2022-1.

Como puede observarse, 204 (98%), de las alumnas encuestadas respondió que utiliza la aplicación de WhatsApp para comunicarse con los miembros de su curso, seguido por Meet (164), el correo electrónico (150) y en el uso del Zoom coincidieron 112 respuestas.

Respecto a las herramientas de Google como apoyo para la educación, 181 alumnas (87%), contestaron que usan los documentos de Google, seguidos por el Meet con 167(80%), presentaciones de Google 142 respuestas (68.2%) y 135 estudiantes (65.1%) dijeron que usan formularios de Google.

Como puede verse en la gráfica No. 3, el 97.9 % (190) de las estudiantes afirma que cuentan con internet. Sólo 5 estudiantes indican que no cuentan con él.

A la pregunta “¿con qué equipo cuentas para trabajar en tus cursos?”, 195 personas encuestadas (94.2%), señalaron que trabajan con teléfono celular, mientras que 174 (84.6%) indicaron que cuentan con computadora. 56 estudiantes (27%), contestó que también cuenta con impresora.

Respecto al dominio de las herramientas y aplicaciones tecnológicas, la mayoría (106 estudiantes) respondió que se encuentra en un nivel 4, siendo el nivel 5 el de experto. Sólo 1 alumna contestó que se encuentra en el nivel 1, es decir, considera que su manejo de las tecnologías aplicadas a la educación es nulo. En el nivel 3 se ubicaron 85 alumnas.

La gráfica 6 muestra que el 80% (156) de los encuestados dijo que aprende mejor en la modalidad presencial y sólo el 20% (39), coincide en que aprende mejor en línea.

En la opinión del 85.1% (156 estudiantes), la educación presencial les resulta más motivante. En contraste, 39 (15%) respondieron que es más motivante la educación en línea.
De las 195 respuestas, 109 (56.4%) estudiantes afirmaron que su promedio mejoró estudiando en línea. Por otra parte, 86 de ellas (43.6%) indicó que su promedio en la modalidad presencial fue mejor.

Como puede observarse en la gráfica 9, 144 alumnas (58.5%), dicen que prefieren estudiar de manera presencial, mientras que 51 (41.5%), indica que prefiere estudiar en línea.

148 (75.9%) alumnas contestaron que sí tuvieron COVID-19 durante el confinamiento. Por su parte, 47 (24.1%), dijeron que no.

Como muestra la gráfica 11, el 73.8% (143 estudiantes) contestó que, durante la emergencia sanitaria, algún familiar cercano tuvo COVID-19. 52 de ellas (26.2%), dijo que no.

123 alumnas (63.1%), coinciden en que no hubo defunciones en su familia como producto del COVID-19. 72 (36.9%), indicaron que sí tuvieron defunciones en su familia. (Gráfica 12)

De las 195 respuestas, 127 coinciden en decir que, como consecuencia de la crisis sanitaria, no requieren apoyo emocional. Sin embargo, 68 estudiantes, dicen que sí necesitan atención emocional. (Gráfica 13)

Al momento de escribir este reporte, sólo 21 alumnas (10.8%) respondieron que sí están vacunadas, 88 (45.6%) dijeron que sólo cuentan con la primera dosis y 84 (43.1%) respondieron que no están vacunadas. (Gráfica 14).
Después de 18 meses de confinamiento domiciliario, como consecuencia de la emergencia sanitaria, el regreso a clases de manera presencial debe considerar las condiciones en las que se encuentran alumnas y profesores. La aplicación de una sección de 15 preguntas de un cuestionario, aplicado a las alumnas de 5º semestre de la LEP, da información que puede ser valiosa para la organización de las actividades del semestre 2022-1.

Al revisar los datos, se puede concluir que, en estos momentos, las alumnas cuentan con el equipo y conectividad a internet necesarios para continuar las actividades en línea. El manejo de herramientas y aplicaciones en el proceso educativo tampoco representan un impedimento, pues las alumnas se ubican en un nivel alto en el dominio de esas tecnologías. Se puede observar que, durante el tiempo que estudiaron desde casa, el promedio en la calificación de las alumnas mejoró. No obstante, la mayoría de ellas considera que aprende mejor y que es más motivante la modalidad presencial.
Ahora sabemos que hubo alumnas que, durante el tiempo de permanecer en casa, enfrentaron ellas mismas la enfermedad del COVID-19 y que, incluso, hubo defunciones en sus familias. A la fecha, sólo 21 alumnas están vacunadas con un esquema completo.
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6.05 a.m.: la alarma indica el inicio del día. Permanecer acostado es una idea que seduce, sobre todo en domingo… Ver el teléfono: un impulso desvanece esa idea original. En la pequeña ventana de 6 pulgadas o de 15 centímetros aproximadamente, una imagen me captura, su composición liviana no precisa mucho esfuerzo: una botella de tequila Don Julio blanco, un caballito, cuartos de limón a un lado, en el pie de la imagen se lee: ¡salud, amigos! El anzuelo ha sido lanzado, 8 me gusta, 2 me encanta, 1 me importa y algunos comentarios, destacan tres coincidencias “invita“. Una historia más en el mar repleto de historias.
El calor de la cama insiste, la luz del día es discreta e ilumina las paredes blancas. Salgo de mi cama un instante, abro la ventana y la brisa matinal da un golpe de autoridad. Regreso pronto a las sábanas que aún esperan manteniendo buena temperatura, me debato entre el deseo de dormir un rato más o de asomarme en los rincones de otros que, mientras que yo acurrucado intentaba tejer sueños, ellos habitaban experiencias dignas de enmarcarse y publicarse. Una postal más exige su espacio, el mensaje advierte sobre las “virtudes del sexo“, aunque tal mensaje es en realidad para promover el uso del cubrebocas y la necesidad de mantener la sana distancia. Y, sin siquiera pensarlo, he quedado absorto entre crónicas, cuyos relatos anticipan que la vida se escribe en distintos escenarios… Los chiles en nogada muestran de manera inequívoca que las fiestas patrias están por llegar.
Los efectos del ejercicio sobre el cuerpo despiertan el ímpetu efímero que se disipa pronto. “10 .93 kilómetros recorridos”, se lee en otra imagen, líneas blancas trazan la ruta en una captura de Google Maps, al margen aparece un puente con la consigna en mayúsculas con la leyenda: “La UNAM es tu casa“… Una imagen más, en el espejo aparece acentuarse un aspecto del cuerpo debidamente trabajado, y se advierte: “Quédate donde te impulsen a mejorar“.
Yo sigo aún en la cama, por segunda ocasión, resisto el llamado a dormir, de pronto el StoryTime de un ex empleado de Casa Toño lanza “sitios instagrameables” para el desayuno, junsto a las 3 mejores series en Netflix: “Vueltas de tuercas en las historias, que te vas a cagar“, “Hola, soy Omar y este es mi primer trago“. De pronto, la alerta de las 750 a.m. se activa sola, ya ha pasado hora y media, y pistas diferentes han llenado la ventana de 6 pulgadas: Facebook, Instagram , Twitter, Tik Tok, han reclamado su sitio: “like , like , like”, grita el entusiasta que aspira a que su mensaje llegue a las ventanas abiertas intentan estar al día. “Hay una edad en que un café, es el único mañanero que te echas” y ello además de sumar pulgares arriba, también se alza con los signos actuales de la carcajada, el tono jocoso parece agrupar a los que, solos, espejean en los muros de los demás y se consuelan a sí mismos con un café y el infortunio que eso entraña.
Yo cedí a mi impulso, y le negué la voz a las sutilezas sin adorno, me alejé de esa ventana que muestra la calle sin filtro, negué mi escucha a las aves que, con discretos silbidos, anuncian su presencia, y a los ladridos a lo lejos, a la canción que canta la calle y, al despertar, resulta inocua.

La ventana de las 6 pulgadas impone su ley y le acompaña la urgencia de observar lo que en teoría me perdí. En el 2020, Jeff Orlowski en su aclamado The Social Dilemma sentenciaba: “Conectados indefinidamente, aferrados a las reacciones y los likes”; subrayaba el hecho de que mientras visitábamos nuestras redes y alimentamos al software que define patrones, nos rendimos al vigilante dentro de una especie de caja hecha de espejos (YO) que de inmediato activa sus tentáculos.
“Changan anuncia llegada a México“… la del moño colorado también se baila en medio oriente”, río mientras repito el video, meditando en el comentario que haré: “¡que coordinados!” y lo acompañó con el emoji de “me divierte”, genuinamente sentido…
Pero yo debo desprenderme un momento de la vida y su transcurrir en la ventana del smartphone, debo atender las necesidades fisiológicas que dicta el ayuno. Aunque, el craving se intensifica al desapegarme de mi teléfono, un detonante: “¿cómo se prepara el sándwich más famoso de Tik Tok“?
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