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]]>docente de la ENMJN
Hace 18 meses, frente a la creciente emergencia sanitaria provocada por el COVID, dejamos de asistir a la escuela. Para evitar la propagación del virus, la cuarentena hizo que casi 32 millones de alumnos y profesores de todos los niveles educativos se quedaran en casa (INEGI, 2020), pues 1 de cada 4 personas en este país somos estudiantes o profesores. Esta importante cifra, no incorpora a todo el personal administrativo y de apoyo que diariamente encuentra en las instituciones educativas su espacio de trabajo.
Sin embargo, los procesos de enseñanza-aprendizaje no se detuvieron. Las condiciones familiares, la conectividad y las habilidades digitales, no eran las adecuadas para trasladar la labor de la escuela a la sala de la casa. No estábamos listos para hacer home office. El sector educativo, junto con otros sectores como el médico, hemos seguido atendiendo nuestras actividades a pesar de estas condiciones. La Escuela Nacional para Maestras de Jardín de Niños (ENMJN) no fue la excepción. A partir del día 20 de marzo del 2020, respetuosos de las indicaciones de la autoridad de la Ciudad de México y preocupados por la salud de todo el personal que la conformamos, desempeñamos desde nuestro hogar las funciones que nos corresponden.
Han sido meses de reconstruir los espacios educativos. Transformar la casa y organizar las actividades familiares fueron sólo dos de las actividades que debimos hacer. Habilitarnos en el uso de las herramientas digitales para la educación a distancia también nos requirió tiempo, pero lo logramos. El trabajo colaborativo de autoridades, docentes, alumnas y personal administrativo y de apoyo dieron buenos resultados. Llegó el tiempo de reincorporarnos al trabajo presencial. Las instalaciones de nuestra escuela se encuentran listas para el regreso. Sabemos de las condiciones inciertas que vivimos en la Ciudad de México, uno de los estados de la República que más ha resentido la pandemia y el consecuente confinamiento.
En estas circunstancias y a días de estar nuevamente frente al pizarrón en los salones de clase, considerando que las alumnas son una parte fundamental de la labor docente, es dable hacer algunas preguntas: ¿Cuál es la percepción de las alumnas frente al regreso a la escuela? ¿Les motiva más la modalidad presencial que la modalidad virtual? ¿Cómo se vio impactado su promedio estudiando desde casa? ¿Prefieren aprender de manera presencial o virtual? ¿Se enfermaron de COVID-19? ¿Cómo afectó a su familia y su salud socioemocional la crisis sanitaria? ¿Están vacunadas?
En estas líneas se da cuenta de la información obtenida mediante una encuesta suministrada a las alumnas de 5º semestre de la Licenciatura en Educación Preescolar en la Escuela Nacional para Maestras de Jardín de Niños. Se diseñó y aplicó desde el Curso Herramientas Básicas para la Investigación Educativa. La información se recopiló durante los días del 04 al 06 de septiembre del 2021. Consistió construir y enviar un cuestionario conformado por 25 preguntas en diferentes formatos. De estas, 15 se construyeron con el objetivo de conocer las condiciones y opinión de las alumnas frente al regreso a clases en la modalidad presencial.
Para la recogida de datos se enviaron 224 cuestionarios al mismo número de alumnas que conforman la generación 2018-2022. Se recibieron 207 respuestas lo que representa el 92%. Esta proporción califica para ser considerada una muestra válida; por lo tanto, los resultados pueden ser vistos como indicadores de una tendencia.
Los gráficos que se presentan sólo muestran el dato sin que medie interpretación alguna. Los análisis e interpretación de la información bien pueden ser parte de las actividades de organización del semestre 2022-1.

Como puede observarse, 204 (98%), de las alumnas encuestadas respondió que utiliza la aplicación de WhatsApp para comunicarse con los miembros de su curso, seguido por Meet (164), el correo electrónico (150) y en el uso del Zoom coincidieron 112 respuestas.

Respecto a las herramientas de Google como apoyo para la educación, 181 alumnas (87%), contestaron que usan los documentos de Google, seguidos por el Meet con 167(80%), presentaciones de Google 142 respuestas (68.2%) y 135 estudiantes (65.1%) dijeron que usan formularios de Google.

Como puede verse en la gráfica No. 3, el 97.9 % (190) de las estudiantes afirma que cuentan con internet. Sólo 5 estudiantes indican que no cuentan con él.

A la pregunta “¿con qué equipo cuentas para trabajar en tus cursos?”, 195 personas encuestadas (94.2%), señalaron que trabajan con teléfono celular, mientras que 174 (84.6%) indicaron que cuentan con computadora. 56 estudiantes (27%), contestó que también cuenta con impresora.

Respecto al dominio de las herramientas y aplicaciones tecnológicas, la mayoría (106 estudiantes) respondió que se encuentra en un nivel 4, siendo el nivel 5 el de experto. Sólo 1 alumna contestó que se encuentra en el nivel 1, es decir, considera que su manejo de las tecnologías aplicadas a la educación es nulo. En el nivel 3 se ubicaron 85 alumnas.

La gráfica 6 muestra que el 80% (156) de los encuestados dijo que aprende mejor en la modalidad presencial y sólo el 20% (39), coincide en que aprende mejor en línea.

En la opinión del 85.1% (156 estudiantes), la educación presencial les resulta más motivante. En contraste, 39 (15%) respondieron que es más motivante la educación en línea.
De las 195 respuestas, 109 (56.4%) estudiantes afirmaron que su promedio mejoró estudiando en línea. Por otra parte, 86 de ellas (43.6%) indicó que su promedio en la modalidad presencial fue mejor.

Como puede observarse en la gráfica 9, 144 alumnas (58.5%), dicen que prefieren estudiar de manera presencial, mientras que 51 (41.5%), indica que prefiere estudiar en línea.

148 (75.9%) alumnas contestaron que sí tuvieron COVID-19 durante el confinamiento. Por su parte, 47 (24.1%), dijeron que no.

Como muestra la gráfica 11, el 73.8% (143 estudiantes) contestó que, durante la emergencia sanitaria, algún familiar cercano tuvo COVID-19. 52 de ellas (26.2%), dijo que no.

123 alumnas (63.1%), coinciden en que no hubo defunciones en su familia como producto del COVID-19. 72 (36.9%), indicaron que sí tuvieron defunciones en su familia. (Gráfica 12)

De las 195 respuestas, 127 coinciden en decir que, como consecuencia de la crisis sanitaria, no requieren apoyo emocional. Sin embargo, 68 estudiantes, dicen que sí necesitan atención emocional. (Gráfica 13)

Al momento de escribir este reporte, sólo 21 alumnas (10.8%) respondieron que sí están vacunadas, 88 (45.6%) dijeron que sólo cuentan con la primera dosis y 84 (43.1%) respondieron que no están vacunadas. (Gráfica 14).
Después de 18 meses de confinamiento domiciliario, como consecuencia de la emergencia sanitaria, el regreso a clases de manera presencial debe considerar las condiciones en las que se encuentran alumnas y profesores. La aplicación de una sección de 15 preguntas de un cuestionario, aplicado a las alumnas de 5º semestre de la LEP, da información que puede ser valiosa para la organización de las actividades del semestre 2022-1.

Al revisar los datos, se puede concluir que, en estos momentos, las alumnas cuentan con el equipo y conectividad a internet necesarios para continuar las actividades en línea. El manejo de herramientas y aplicaciones en el proceso educativo tampoco representan un impedimento, pues las alumnas se ubican en un nivel alto en el dominio de esas tecnologías. Se puede observar que, durante el tiempo que estudiaron desde casa, el promedio en la calificación de las alumnas mejoró. No obstante, la mayoría de ellas considera que aprende mejor y que es más motivante la modalidad presencial.
Ahora sabemos que hubo alumnas que, durante el tiempo de permanecer en casa, enfrentaron ellas mismas la enfermedad del COVID-19 y que, incluso, hubo defunciones en sus familias. A la fecha, sólo 21 alumnas están vacunadas con un esquema completo.
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]]>docente de la ENMJN

Después de casi 300 días de alerta sanitaria, la tensión que envuelve las horas y los minutos no disminuye, la preocupación natural y a veces desbordante, excesiva, somete al organismo a un desgaste constante, el dinamismo ordinario del cuerpo y sus misterios, encuentran un nuevo enemigo que acecha: el SARS CoV-2… “¿Estornudas?”: ¡Covid!; “me duele la panza”: ¡Covid!, “siento un mareo”: ¡Covid!; “no escuchas algo”: ¡Covid!; “te duele una rodilla”: ¡Covid!; ¿toses?: ¡Covid!; “me duele la cintura y la espalda”: ¡Covid!; “creo que algo de la comida me cayó mal”: ¡Covid!…
En días pasados, y como resultado de una alergia propia de la estación invernal, yo advertía cómo los pensamientos y, sobre todo, las interpretaciones que hacemos de lo que nos ocurre, atizan la maquinaria interna de las ideas y su correlato inmediato, las emociones y las sensaciones, entonces la tensión aumenta al punto de enfermarnos.


Aaron Beck y Albert Ellis han contribuido al entendimiento de lo que ocurre en nuestra mente cuando tenemos ideas, hablan de una forma de pensamiento, cuya característica es repetitiva y cíclica, la constancia y permanencia de dichas ideas producen alteración del estado de ánimo y del comportamiento. La congestión y la secreción, ya no se explicaban por una alergia; era la certeza del virulento Covid, como respuesta automática a una congestión nasal y reiterados estornudos (Afanoso Hurgue, en la “Definición operacional en Caso Sospechoso de Enfermedad Respiratoria Viral”), buscando confirmar mi apreciación.
¿Qué explica que una mínima señal corpórea, inocua, encuentre sentido y registro exclusivamente en el Covid? ¿Puede un pensamiento incidir en mis emociones y las sensaciones?… El funcionamiento de nuestro cerebro basa su eficacia en un recurso presente a lo largo de la vida, economía cognitiva, en la que de manera natural se busca el menor gasto posible de los recursos senso-perceptivos, mnémicos, atencionales y volitivos, es decir, que hacen eficientes las tareas al menor costo posible.
La forma en que interpretamos las vivencias, las experiencias, las situaciones, pasa por el filtro de ‘lo conocido’, se busca entonces algún recurso alojado en la memoria como un recuerdo nítido capaz de explicar lo que se vive, la intención: la reducción de energía en la búsqueda de una posible explicación, de una solución o de su comprensión.

A manera de ejemplo, comparto una anécdota en la que hace algunos años una paciente fue derivada al servicio de salud mental, ella tenía dificultades para el inicio, mantenimiento y conclusión del sueño, contaba que sentía “que se le trepaba el muerto”, sensación desagradable por decir lo menos, en la que uno tiene la vivencia consciente, dentro del sueño, de estar imposibilitado para despertar. Esta paciente cuenta que, según le explicaron detalladamente, su problema es el resultado de una dificultad en el ciclo del descanso y que también es conocido como “parálisis de sueño”. Con todo y la explicación, al finalizar, ella le preguntó a su médico tratante si debía hacerse una limpia, además de acudir al apoyo de salud mental.
Como puede verse, la forma de entender la situación se da a partir del arraigo a creencias, al resultado de los ambientes con los que estamos familiarizados, sin duda, una apuesta de nuestra mente para resolver las tensiones cotidianas en las que a veces estamos envueltos.

Otro recurso de nuestra mente para defenderse se muestra a partir de las explicaciones automatizadas, que son similares a las creencias arraigadas de “todo o nada”, en tanto que las respuestas se alojan en esquemas mentales: explicaciones relativamente estables que orientan la visión que tenemos del mundo; por ejemplo, si tuvimos un mal momento durante el día, decimos que ha sido un día desgraciado, de modo que no somos capaces de advertir que una circunstancia adversa localizada temporal y espacialmente, es simplemente un instante más.
Pensemos en un supuesto. Imaginemos que no entregamos algún trabajo pendiente, o que perdemos una pertenencia… situaciones como estas son instantes en el transcurso de una jornada; sin embargo, esas ideas se sostienen en el tiempo. Pensemos también en alguien que conozcamos, o en nosotros mismos, cuando ocasionalmente decimos: “el horno no está para bollos”, y desde muy temprano nuestro día ya se ha configurado con este pensamiento anticipatorio y pesimista, hecho que logra nublar el resto de nuestro día. O “todo es bueno, o si no, no vale”. Si hay algo malo en el transcurso de unas horas, todo ha sido gris y denso. Esto aplica también para ese tipo de sospechas: estornudas y concluyes que es Covid.
Así las cosas, existe un recurso más del cual disponemos, este es “la generalización excesiva”, hoy en día tan socorrida. De tal forma que, por ejemplo, “si estás a favor del presidente, eres chairo”, “si lo criticas, eres fifí o hijo de un aspirante a neoliberal”, “si un hombre es violento, todos los hombres son violentos”, “si una mujer promueve la igualdad de las condiciones, para acortar y eliminar asimetrías, es feminazi”, Una vez más: “todo o nada” o la “generalización excesiva”, todo esto ilustra el error de procesamiento de la información o de las distorsiones cognitivas.
Volviendo a la inquietud de si los pensamientos inciden en las emociones y las sensaciones, la respuesta es que sí, y que, por lo tanto, los pensamientos nos enferman. La interrogante en torno a la cual todo encuentra eco en el Sars CoV-2 y la manera de entenderlo se desata a partir de montos de ansiedad que se anudan a distorsiones cognitivas, que exacerban el malestar.

Síntomas como el exceso de estornudos se ligan inevitablemente a un padecimiento viral, todo como resultado de una falla en la adaptación a una situación exigente como lo es la pandemia y que fortalece el sesgo confirmatorio o la distorsión cognitiva, ello a su vez alimenta la ansiedad, una mezcla de elementos que acentúa la sensación de amenaza y, con ello, su respuesta natural fisiológica.
Esquematizar este fenómeno de forma gráfica podría hacerse con la siguiente secuencia: estornudo es equivalente en la mente a Covid; saberse con padecimiento viral, promoverá la sensación de malestar y, sobre todo, el aumento de la tensión y es que, si revisamos el conteo diario de contagios y de deceso, el temor arremete inevitablemente.
Estornudo = Covid
Tener Covid = Preocupación
Preocupación = Aumento del miedo
Montos constantes de miedo = Ansiedad
ETC.
A modo de sugerencia, notemos las importancia de identificar si la idea que ocupa nuestra atención es una idea que se puede corroborar, o bien, si la podemos desechar de manera objetiva, pragmática o empírica; de no ser así, seguramente estamos ante una ocurrencia que, sin control, se traducirá en la sensación de pérdida de bienestar psicológico, y estaremos efectivamente pensando y enfermándonos por ello.
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]]>Estudiante ENMJN
| Ensayo seleccionado para su publicación como parte de la asignatura Optativa: Producción de Textos Académicos, impartida por la Profra. María Esther M. Fuentes Martínez. |
Desde el momento en que nacemos estamos rodeados de planes, de elecciones no hechas ni tomadas por nosotros. Claro está, los padres ya eligieron nuestro nombre, concibieron cómo seremos educados, bajo qué reglas e incluso bajo qué religión, hay quienes ya previeron el colegio al que asistiremos o, en casos más extremos, hay padres que ya eligieron a la persona con la que su hijo o hija contraerá matrimonio, pero ¿qué padres han siquiera pensado en la posibilidad de tener que decidir cómo o cuándo morirá su hijo? Se nos prepara para vivir y, de ser posible para vivir bien, pero casi nunca se nos prepara para morir.
Hoy en día, la eutanasia, el derecho a morir dignamente y el suicidio asistido, siguen siendo temas controversiales en los que las opiniones se dividen y contradicen, por lo que llegar a un acuerdo resulta casi imposible. En este ensayo expresaré mi punto de vista al respecto.
Para una gran mayoría, el concepto de ‘muerte’ suele tener una serie de connotaciones negativas, por lo que llega a ser un asunto difícil de tratar, olvidando en ocasiones que como seres humanos somos entes finitos y la muerte nos resulta inherente. De una u otra forma llegamos a ella, pero no saber qué pasará con nuestro ser al llegar a este punto terminal de la vida nos causa angustia e incluso temor.
Como menciona el médico Cerejido (2008) “la muerte pone, entonces, un límite neto a la capacidad de conocer, pues nadie ha regresado de la muerte para explicar qué sucede después. La muerte interrumpe definitivamente el flujo de significado, es por lo tanto la angustia por excelencia”. El ser humano como ser racional y pensante tiende a sentirse seguro cuando sabe de lo que habla, por consecuencia, lo que no conoce y, peor aún, lo que hasta el momento no tiene forma de ser conocido, le causa un temor y recelo dando como resultado evadir el tema, tratarlo lo menos posible o rehuir hablar de ello.
Sin embargo, por más que le demos la vuelta a la cuestión de la muerte, a todos nos alcanzará alguna vez en nuestra vida y nos enfrentaremos a ésta de una u otra forma: ya sea la muerte de un familiar, de un conocido o simplemente enterarnos por las noticias que falleció tal personaje o alguien célebre.
El impacto que esto produce en nosotros ocurre en menor o mayor medida según sea el caso de la pérdida, pero, qué es lo que pasa cuando nos enteramos de que aquella persona o ser querido decidió darle fin a su vida por “x” o “y” razón, es algo todavía más complicado de asimilar; pero si nos ponemos a reflexionar el porqué de lo acontecido puede que terminemos entendiendo e incluso sintiendo empatía con aquella decisión. Para llegar a esta reflexión hay que tener medianamente claro algunos términos, como eutanasia y muerte digna.
En su texto “Eutanasia: concepto legal”, Macías Gómez (2008) maneja los siguientes conceptos:
El término eutanasia deriva del griego: “eu” (bien) y “thánatos” (muerte). Es todo acto u omisión cuya responsabilidad recae en personal médico o en individuos cercanos al enfermo, y que ocasiona la muerte inmediata de éste con el fin de evitarle sufrimientos insoportables o la prolongación artificial de su vida. Cabe inicialmente destacar dos datos relevantes: para que la eutanasia sea considerada como tal, el enfermo ha de padecer, necesariamente, una enfermedad terminal o incurable, y en segundo lugar, el personal sanitario ha de contar expresamente con el consentimiento del enfermo.
Muerte digna u ortotanasia se alcanza siempre rechazando el empleo de medios desproporcionados para el mantenimiento de la vida. Consiste en dejar que la muerte llegue en enfermedades incurables y terminales, tratándolas con los máximos tratamientos paliativos para evitar sufrimientos, recurriendo a medidas razonables. Se distingue de la eutanasia en que la ortotanasia nunca pretende deliberadamente la muerte del paciente. La muerte digna es, en definitiva, la muerte con todos los alivios médicos adecuados y los consuelos humanos posibles. (p.2-3)
En este punto considero conveniente relatar una experiencia personal, con el fin de exponer la razón por la que me encuentro a favor de la “muerte digna”.
Clifford tenía ya 17 años de edad, bastantes años considerando que Clifford no era un ser humano sino una hembra canina, la mejor de todas. Reconozco que sus últimos días en este mundo fueron difíciles, tanto para ella como para mi hermana y desde luego para mí, que fuimos quienes nos hicimos cargo de ella. Fueron tres días los que estuvo canalizada debido a que comía muy poco y comenzaba a deshidratarse, apenas se levantaba de la cama y su ánimo estaba bastante decaído. Al verla así, se nos vino el mundo abajo porque éramos conscientes de que su desenlace estaba por llegar, y aun sabiéndolo, nos rehusábamos a aceptarlo.
En su último día de vida, recibimos los resultados de unos análisis que reflejaban que el cuerpo de Clifford ya no respondía como debía y tenía daños imposibles de revertir. En ese momento no fue tan difícil tomar la decisión de “dormirla”. Estoy segura de que más bien se trataba de un acto de amor con el que se sopesó que dejarla vivir sólo significaría prolongarle una agonía dolorosa y que, al final, irremediablemente la llevaría a la muerte. A final de cuentas Clifford murió sin dolor y rodeada de aquellos que la amamos, sin duda fue una muerte digna.

¿Por qué si Clifford, o cualquier otra mascota, pueden recibir una muerte digna, sin dolor y rodeada de sus seres queridos, no así un ser humano? Entiendo bien que es un aspecto complejo en el que se involucran múltiples ramas, como la medicina, la bioética, las leyes y hasta la religión. Sin embargo, no es un tema nuevo, pues existe ya todo un historial detrás, pero sin mucho avance. Si bien hay algunos países en los que la eutanasia está legalizada como en Holanda, son más los que aún no, México va caminando en ello.
Más allá del aspecto legal y de toda la controversia alrededor de este tema, para mí es un asunto humano y de empatía, por lo que considero que todos deberíamos tener ese derecho a decidir no sólo cómo vivir sino también cómo morir.
Macías Gómez Ramón. (2008) “Eutanasia: Concepto Legal” Consultado el 17 de enero del 2017.
Cerejido, Marcelino, disponible en: http://www.eutanasia.ws/hemerotecaz14.pdf&ved=0ahUKEwiqz7b_2s7RAhWiqlQKHRoBBa0QFgglMAI&usg=AFQjCNH4wgpPd9qyF_LSRlQgdJge0XjCJA&sig2=lodbc50zgfFpnGtEF3eusw
Soberón G., Feinholz D. (2008) “Muerte digna. Una oportunidad real”. Secretaria de Salud. México
Taboada P. (2000) “El derecho a morir con dignidad”. Acta Bioética; año VI; no.2. Chile. Consultado el 17 de enero del 2017. Disponible en: https://www.scielo.cl/pdf/abioeth/v6n1/art07.pdf&ved=0ahUKEwiipM-o3s7RAhVIrlQKHWaUBGwQFggvMAM&usg=AFQjCNFHsJ0-06eKT_X8Rm8c9g-9T4XfWw&sig2=C8K-sE1-Ow02KH2nY7ytAQ
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]]>alumna de la ENMJN
El presente ensayo va dirigido a todas esas personas que, a lo largo de su vida, han sufrido alguna enfermedad y con muy pocas probabilidades de curarse, pero también a todas las familias que han pasado por momentos difíciles con los padecimientos de parientes cercanos y, considerando que desde el momento en que se les detecta alguna enfermedad incurable o terminal, ellas están conscientes de que les falta poco tiempo de vida y que, en algún momento, deben tomar una decisión para apoyarlos ante situaciones difíciles de tanto sufrimiento.
Por ello, se da aquí a conocer una opinión sobre un tema concreto: “Muerte Digna, una decisión polémica”, mismo que fue analizado en la asignatura optativa de Producción de Textos Académicos, impartida por la Profesora María Esther M. Fuentes Martínez, en el semestre que recién concluyó.
Si bien existen muchas formas de morir, he decido enfocarme en el tema de la eutanasia y el cáncer, debido a que esta enfermedad, a lo largo del tiempo, origina más daños que otros padecimientos en las personas que lo tienen, por lo que su sufrimiento se torna cada vez más fuerte; no solamente para ellos, sino también para las personas cercanas al enfermo, como la familia, amigos, compañeros de escuela o trabajo.
Creo, al igual que la mayoría de las personas, que a lo que más tememos es a la forma como vamos a morir, por esa razón, la mayoría de las veces uno siempre se pregunta ¿de qué me iré a morir?, pues el imaginario social que toda la gente tiene es que la muerte más bonita es cuando estás dormido y ya no despiertas, pero desafortunadamente, en pleno siglo XXI, cada día se originan más y más enfermedades incurables o que tienen poca probabilidad de cura. Por ejemplo, el cáncer, el cual hoy en día, según el articulista Fuentes (2015) menciona que:
El cáncer es un padecimiento de alta incidencia en nuestro país y se ubica como la tercera causa de muerte ya que de acuerdo con los registros del INEGI, del 2004 al 2013, han fallecido 718 mil 424 personas a causa del cáncer, de las cuales en 351 mil 923 casos se trató de personas del sexo masculino; mientras que en 366 mil 458 se trató de casos de mujeres.
Por todas las cifras anteriores podemos observar que, conforme pasan los años, hay más muertes por cáncer y desde mi experiencia puedo relatar que una persona cercana a uno que padezca esta enfermedad, y a la cual se le quiere mucho, le resulte complejo salir adelante, ya que uno nota cómo al paso de los días esta persona va cambiando, pues si bien antes salía a fiestas y disfrutaba la vida con plenitud y felicidad, poco a poco va adelgazando, va perdiendo las pestañas y el cabello, ya no come como antes, y cada semana tiene que ir a su centro de salud a que le practiquen quimioterapia, pero, pese a todo ello, no consigue ver un avance significativo: solamente lo saturan con medicamento, lo cual, con el paso del tiempo, le dañará seguramente otros órganos.
De igual manera, él solo quiere estar en su cuarto encerrado viendo la televisión y esto lo orilla a entrar en una etapa de depresión y todo se torna en una lucha cada vez más difícil para salir adelante, pues según la Organización Mundial de la Salud (OMS) (2016) “la depresión puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración e intensidad moderada a grave, y puede causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos puede llevar al suicidio”, por eso, considero que una de las etapas más feas de esta enfermedad es cuando la persona entra en depresión porque, paulatinamente, se va dejando morir.
Es evidente que no se les puede culpar ni decirles “lucha por la vida”, porque en realidad uno nunca sabe cómo se siente esa persona y a veces uno es egoísta porque, a pesar de que lo vemos sufrir, llorar y gritar del dolor, queremos que sigan con nosotros a toda costa, lo cual no es justo. Por esta razón, estoy de acuerdo con la eutanasia, misma que la OMS (2010) define la eutanasia como “aquella acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente”. Según este contexto, existen dos formas de eutanasia:
1) Eutanasia directa. Consiste en adelantar la muerte del enfermo.
2) Eutanasia indirecta. Que se somete al paciente a tratamientos terapéuticos que, sin embargo, llevan al paciente, tarde o temprano, a la muerte.
Por todo lo anterior, puedo me resta decir que, como futuras docentes, debemos tomar conciencia y reflexionar sobre esta enfermedad. Sé que se trata de un aspecto muy duro de entender, pero creo que lo más bonito es quedarse con el recuerdo de la persona tal como era antes de la enfermedad, comprenderlo y brindarle todo el apoyo que necesite.
En suma, rescato la frase de François Mauriac (1885-1970), “La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente”. El problema de algunas enfermedades, como el cáncer, es que en muchas de sus variantes no tienen cura y hacen sufrir más a la personas. No obstante, creo que es momento de tomar decisiones, una de ellas puede ser la consideración de la eutanasia, las cual, aunque obviamente repercutirá en toda la familia, podría representar un alivio a ese ser querido y evitar que continúe sufriendo.
Ferrer, A.E (2010). La eutanasia, 1º Bach. C
Fuentes, M. L (2015), México social: cáncer, letalidad creciente, Excélsior, México.
Recuperado de: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs369/es/
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