google-document-embedder domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home/ddgfvyqj/backup.revistavoces.net/wp-includes/functions.php on line 6260simple-lightbox domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home/ddgfvyqj/backup.revistavoces.net/wp-includes/functions.php on line 6260La entrada 3 tips para lidiar con la pena y el temor aparece primero en Revista Voces.
]]>docente de la ENMJN
¿Te ha invadido la pena o el dolor?… Hace apenas un par de semanas, mientras me reunía para desayunar con dos grandes amigos, en medio de la plática, surgió un comentario en el que se insinuaba que habría estado bien que acudiera alguien más de nuestro grupo, la sensación era que, con una presencia adicional, nuestro cuadro estaría completo.
En otro momento reciente, quizá dos meses atrás, mientras circulaba por la autopista en dirección al Estado de Guanajuato, comenté: “para la otra hay que ir a San Luis Potosí”, en el horizonte se apreciaba un día soleado, grandes áreas verdes, un tramo de carretera perteneciente al camino que cruza Los Apaseos, libre, en muy buenas condiciones, sin embargo, el espíritu de esa sentencia era que había otras geografías por recorrer y la partícula ‘para la otra’, tenía un escandaloso dejo de insatisfacción.
Pasear en un sitio y pensar ya en otro; reunirse con amigos y meditar en las ausencias, cosas así dejan un discreto sabor amargo, es cierto, el equilibrio es aspiración y destino, para ello, debemos admitir que hay notas dulces y amargas, y el vaivén entre unas y otras teje una compleja sinfonía en la que los tonos no se superponen ni se invaden, sino más bien se cruzan y armonizan. Visita tantos lugares como puedas, disfruta cada geografía, pero siempre ten en mente que el viaje es hoy, y que, sinuoso o placentero, es una elección.

Recientemente, mientras atendía a una paciente de 62 años, me compartía una de sus preocupaciones más extenuantes que, incluso, le privaba del sueño: “¿qué pasará cuándo ya no pueda caminar?” Como puede notarse, ella advierte para sí un futuro irremediablemente penoso.
Otra paciente me cuenta que se olvidó de tomar su antidepresivo y, coincidentemente, se sintió físicamente mal, y luego, mentalmente abrumada, se le acomodó una duda intermitente, pero densa: “¿ya tendré que tomar medicamento de por vida?” La equivalencia que ella infiere es: “sin medicamento, no estaré bien”. Hay aquí una similitud en las dos situaciones, la idea de que, si nos anticipamos, podremos controlar aquello que está por ocurrir.
Lo cierto es que uno puede controlar exclusivamente lo que piensa, lo que dice y lo que siente. No lo notamos, pero, hay ocasiones en que nos estremecemos y nos tensamos con ejercicios de especulación ociosa que generan malestar, inquietud. ¿Cuál es entonces la alternativa para ello? Resulta conveniente considerar: “¿puedo caminar?”, “¿debo de tomar medicamento hoy?”, ¿“tolero el dolor en este instante…?” Ajustar nuestro cristal al horizonte de la inmediatez disminuirá la incomodidad de un futuro que inevitablemente ocurrirá, pero del que poco, o casi nada, podemos anticipar.
Un doliente lamenta una muerte, se inquieta por la realidad, piensa que quizás, si en aquella tarde en que visitó a su mamá y al preguntarle por su salud y escuchar: “estoy bien”, se lo creyó tal cual y no insistió más; horas después, recibió la llamada de su hermana en la que le avisó “mamá está mal”, tras lo que acudió y, unas horas después, lamentablemente murió. Hoy vive con la creencia de que, si hubiera adivinado y actuado de manera distinta, ese fatídico plan biológico no se hubiera consumado.
Otro paciente, al intentar mitigar su malestar, considera que la causa de su segunda separación, que está justo ocurriendo, fue por la condescendencia con la que actuó: “les daba todo lo que ganaba, las trataba bien”, y se le ocurre una idea para, así, zanjar la situación: “debo ser carbón si no quiero que me vuelva a pasar”. Pero quizás ello podría ser una explicación, más que una posibilidad.
La pena y el temor agudizan los sentimientos de tristeza a causa de la ausencia física, o de la ruptura amorosa; y la culpa socava la motivación, pues los múltiples reproches auto infligidos impiden poner en perspectiva la vivencia y situación reales, a las que buscamos explicaciones en el pasado, en lo ya ocurrido, donde visitamos escenarios posibles con la esperanza de que algo cambie la situación actual; de modo que nos anclamos al pasado una y otra vez, con la convicción de que eso nos devolverá la paz.

La pena y el temor son lentes de cristal comunes a través de los cuales graduamos las experiencias que representan nuestras crónicas, aflicciones, tristeza, tensión y ansia. Y he aquí tres recomendaciones para ajustar bien nuestro lente:
Identificar si lo que organiza la realidad es la pena (algo que se perdió), o un temor (algo por ocurrir).
Si las preocupaciones se sitúan en el futuro, entonces conviene pensar en lo que está presente en ese instante preciso.
Si las penas consumen las horas y los minutos, entonces conviene ceder espacio al dolor, dejarlo pasar y no luchar para evitarlo, es preciso ser consciente de su esencia temporal y de su cualidad transitoria.
La entrada 3 tips para lidiar con la pena y el temor aparece primero en Revista Voces.
]]>La entrada Cáncer y eutanasia: el padecimiento de enfrentar una enfermedad terminal aparece primero en Revista Voces.
]]>alumna de la ENMJN
El presente ensayo va dirigido a todas esas personas que, a lo largo de su vida, han sufrido alguna enfermedad y con muy pocas probabilidades de curarse, pero también a todas las familias que han pasado por momentos difíciles con los padecimientos de parientes cercanos y, considerando que desde el momento en que se les detecta alguna enfermedad incurable o terminal, ellas están conscientes de que les falta poco tiempo de vida y que, en algún momento, deben tomar una decisión para apoyarlos ante situaciones difíciles de tanto sufrimiento.
Por ello, se da aquí a conocer una opinión sobre un tema concreto: “Muerte Digna, una decisión polémica”, mismo que fue analizado en la asignatura optativa de Producción de Textos Académicos, impartida por la Profesora María Esther M. Fuentes Martínez, en el semestre que recién concluyó.
Si bien existen muchas formas de morir, he decido enfocarme en el tema de la eutanasia y el cáncer, debido a que esta enfermedad, a lo largo del tiempo, origina más daños que otros padecimientos en las personas que lo tienen, por lo que su sufrimiento se torna cada vez más fuerte; no solamente para ellos, sino también para las personas cercanas al enfermo, como la familia, amigos, compañeros de escuela o trabajo.
Creo, al igual que la mayoría de las personas, que a lo que más tememos es a la forma como vamos a morir, por esa razón, la mayoría de las veces uno siempre se pregunta ¿de qué me iré a morir?, pues el imaginario social que toda la gente tiene es que la muerte más bonita es cuando estás dormido y ya no despiertas, pero desafortunadamente, en pleno siglo XXI, cada día se originan más y más enfermedades incurables o que tienen poca probabilidad de cura. Por ejemplo, el cáncer, el cual hoy en día, según el articulista Fuentes (2015) menciona que:
El cáncer es un padecimiento de alta incidencia en nuestro país y se ubica como la tercera causa de muerte ya que de acuerdo con los registros del INEGI, del 2004 al 2013, han fallecido 718 mil 424 personas a causa del cáncer, de las cuales en 351 mil 923 casos se trató de personas del sexo masculino; mientras que en 366 mil 458 se trató de casos de mujeres.
Por todas las cifras anteriores podemos observar que, conforme pasan los años, hay más muertes por cáncer y desde mi experiencia puedo relatar que una persona cercana a uno que padezca esta enfermedad, y a la cual se le quiere mucho, le resulte complejo salir adelante, ya que uno nota cómo al paso de los días esta persona va cambiando, pues si bien antes salía a fiestas y disfrutaba la vida con plenitud y felicidad, poco a poco va adelgazando, va perdiendo las pestañas y el cabello, ya no come como antes, y cada semana tiene que ir a su centro de salud a que le practiquen quimioterapia, pero, pese a todo ello, no consigue ver un avance significativo: solamente lo saturan con medicamento, lo cual, con el paso del tiempo, le dañará seguramente otros órganos.
De igual manera, él solo quiere estar en su cuarto encerrado viendo la televisión y esto lo orilla a entrar en una etapa de depresión y todo se torna en una lucha cada vez más difícil para salir adelante, pues según la Organización Mundial de la Salud (OMS) (2016) “la depresión puede convertirse en un problema de salud serio, especialmente cuando es de larga duración e intensidad moderada a grave, y puede causar gran sufrimiento y alterar las actividades laborales, escolares y familiares. En el peor de los casos puede llevar al suicidio”, por eso, considero que una de las etapas más feas de esta enfermedad es cuando la persona entra en depresión porque, paulatinamente, se va dejando morir.
Es evidente que no se les puede culpar ni decirles “lucha por la vida”, porque en realidad uno nunca sabe cómo se siente esa persona y a veces uno es egoísta porque, a pesar de que lo vemos sufrir, llorar y gritar del dolor, queremos que sigan con nosotros a toda costa, lo cual no es justo. Por esta razón, estoy de acuerdo con la eutanasia, misma que la OMS (2010) define la eutanasia como “aquella acción del médico que provoca deliberadamente la muerte del paciente”. Según este contexto, existen dos formas de eutanasia:
1) Eutanasia directa. Consiste en adelantar la muerte del enfermo.
2) Eutanasia indirecta. Que se somete al paciente a tratamientos terapéuticos que, sin embargo, llevan al paciente, tarde o temprano, a la muerte.
Por todo lo anterior, puedo me resta decir que, como futuras docentes, debemos tomar conciencia y reflexionar sobre esta enfermedad. Sé que se trata de un aspecto muy duro de entender, pero creo que lo más bonito es quedarse con el recuerdo de la persona tal como era antes de la enfermedad, comprenderlo y brindarle todo el apoyo que necesite.
En suma, rescato la frase de François Mauriac (1885-1970), “La muerte no nos roba los seres amados. Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo. La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente”. El problema de algunas enfermedades, como el cáncer, es que en muchas de sus variantes no tienen cura y hacen sufrir más a la personas. No obstante, creo que es momento de tomar decisiones, una de ellas puede ser la consideración de la eutanasia, las cual, aunque obviamente repercutirá en toda la familia, podría representar un alivio a ese ser querido y evitar que continúe sufriendo.
Ferrer, A.E (2010). La eutanasia, 1º Bach. C
Fuentes, M. L (2015), México social: cáncer, letalidad creciente, Excélsior, México.
Recuperado de: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs369/es/
La entrada Cáncer y eutanasia: el padecimiento de enfrentar una enfermedad terminal aparece primero en Revista Voces.
]]>