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…Se indignaron con las imágenes vivas que el próspero comerciante don Bruno Crespi proyectaba en el teatro con taquillas de bocas de león,porque un personaje muerto y sepultado en una película, y por cuya desgracia se derramaron lágrimas de aflicción, apareció vivo y convertido en árabe en la película siguiente.
Gabriel García Márquez: Cien años de soledad.

El sábado 28 de diciembre de 1895 se abrió al público la primera sala cinematográfica del mundo, en París, en el Salón Indio, subsuelo del Grand Café, en el 14 del Boulevard des Capulines. Ésta es la fecha que se reconoce como el verdadero nacimiento del cine. En ese día se proyectaron 10 breves películas que duraban de uno a tres minutos cada una. Cada media hora se dio una función: por la mañana de las 10:00 a las 11:30; por la tarde de 2:00 a 6:30 y de 8:0 a 11:00 por la noche. El precio por función fue de un franco, y toda publicidad estribó en un pequeño cartel que decía: “Cinematógraphe Lumière”.

Al dueño del café, que era un italiano de apellido Volpini, los hermanos franceses Louis y Auguste Lumière le ofrecieron pagarle el veinte por ciento de los ingresos por el alquiler del local, pero, como desconfiaba tanto del éxito de aquel negocio, prefirió arrendarlo por un año a treinta francos diarios. Ese primer día (28 de diciembre) se reunieron 33 francos, es decir, entraron treinta y tres personas. Dos semanas después, ¡ingresaban dos mil quinientos francos por día!

Los hermanos Lumière consideraron su invento como resultado de innumerables experimentos y ensayos científicos guiados por una certidumbre: la realidad podía ser captada y reproducida con todo y su movimiento. Ahora sabemos que ese deseo y la certidumbre de reproducir la realidad con todo y su movimiento no pueden ocurrir de tal manera; en primer lugar, porque toda producción humana, como las imágenes cinematográficas, no es neutra y las imágenes no han de aparecer como copias fieles de la realidad, sino como una selección de fragmentos de la misma, la cual que se ve a través del ojo del director y de la mano del editor, que establecen el montaje; digamos que son producciones presentadas subjetivamente al público, es decir, con un interés concreto, esto es, que nos muestran lo que quieren que nosotros veamos. Por tanto, y en segundo lugar, esto ocurre puesto que toda película es una ficción; no es la realidad, aunque se asemeje mucho a ella por contar historias de vida, al igual que ocurre con la literatura y la dramaturgia. Estas situaciones nos permiten observar conductas y actitudes humanas, entornos sociales y contextos culturales.
Sin embargo, poco tiempo después de su invento, cuando los hermanos Lumière quedaron satisfechos y dieron por terminado el efecto interesante de su “curiosidad científica”, el espectáculo cinematográfico ya se había extendido por todo el mundo. Fenómeno por el que se puede decir que, si bien el cine fue inventado en Francia, de algún modo, fue descubierto en los Estados Unidos, ya que allí se constituyó como una industria del espectáculo.

En sus inicios, el cine dio una marcada prioridad a la técnica por encima del espectáculo, así que lo que se viera en la pantalla en esas imágenes era lo de menos, lo realmente importante era su proyección. Bastaba con que se diera la ilusión de una reproducción de la vida, aun cuando ésta estuviera desprovista de tercera dimensión, de color y de sonido, situación que asemeja la imagen cinematográfica con la onírica, pues, por lo general, en los sueños se da la misma prioridad a la imagen sobre el sonido, y de éste sobre el color y, de éste último, sobre el volumen.

Es importante resaltar que el cine, desde su nacimiento, ha podido competir de tú a tú con el logos, es decir, con el conocimiento y su construcción. Esto se debe a que en él convergen una serie de lenguajes fundamentales para el desarrollo del intelecto humano. La imagen es una herramienta fundamental para la construcción del conocimiento, a tal grado lo es, que el Dr. Fernando Zamora, en su libro Filosofía de la imagen, parte de una pregunta fundamental: “¿qué fue primero, la imagen o la palabra?”, y aun cuando señala que no es su propósito contestar esa pregunta, sí nos subraya: “ésta es una de las cuestiones más profundas que podemos plantearnos. Una pregunta que, con toda su ingenuidad, no sólo nos hunde en las profundidades de la Historia, sino que nos lleva a indagar acerca de nuestra primera infancia y acerca de las relaciones que entablamos cotidianamente entre la voz y la mirada. ¿Qué fue primero, la palabra o la imagen?”
Si partimos de que una forma de percibir la realidad a nuestro alrededor es por medio de las imágenes captadas por el cerebro, que éste es un proceso totalmente individual y subjetivo, que su resultado sólo puede ser manifiesto por medio de la expresión de algún tipo oral, gráfica o mímica, y además, si partimos de que para describir cabalmente lo que captamos o lo que queremos expresar, entonces tenemos que nombrar, y eso lo hacemos precisamente con la palabra. De ahí que esta pregunta aparentemente ingenua: ¿qué fue primero, la palabra o la imagen?, no solamente sigue siendo vigente, sino que es fundamental en la construcción del conocimiento, pues hay que señalar que no podemos nombrar algo de lo cual no tenemos noción, idea, concepto o imagen.

Cuando nos acercarnos al hecho cinematográfico con el propósito de abordar su estudio o análisis para comprenderlo más, nos ocurren dos situaciones de la mayor relevancia, una, disfrutamos mejor de él; la otra es que nos damos cuenta de que puede llegar a utilizarse como una excelente herramienta didáctica en la labor pedagógica. Uno de los aspectos que más nos sorprende y que, a su vez, nos parece sumamente enriquecedor, es que nos encontramos ante una manifestación que es unitaria en sí misma, y que además posee una gran complejidad interna, ya que el cine es movimiento, arte, historia, lenguaje, magia, música y documento, pero también es espectáculo, técnica e ilusión y, por supuesto, un medio de comunicación social privilegiado.
Una película es, en última instancia, la combinación de luces y sombras que producen imágenes, de tal manera que la parte más importante de un filme es precisamente la imagen. Esa imagen (la imagen cinematográfica) se caracteriza por estar en aparente movimiento (producto del fenómeno óptico de retención del movimiento por la retina del ojo humano) y que, a diferencia de la imagen estática, que obliga a tener una actitud contemplativa, la imagen en movimiento requiere del espectador una constante contextualización, es decir, nos obliga a ubicarnos constantemente en los hechos que narra la historia que estamos presenciando, de modo que es necesario leer e interpretar lo que ocurre en la pantalla para poderlo comprender.
Es por eso que, cuando hablamos de la imagen cinematográfica, estamos haciendo mención de toda una serie de criterios lingüísticos. A lo largo de la Historia del cine, podemos encontrar una progresiva profundización teórica en torno a los elementos integrantes de la propia imagen y de su valor como signos. De ese modo, cuando se intenta su interpretación, se tiene siempre la finalidad de una mejor comprensión de cada uno de sus aspectos particulares, así como de la película en su totalidad.
Algunos de los elementos más importantes del lenguaje cinematográfico son: la iluminación, el sonido, la música, el movimiento de las cámaras, los diferentes planos y, por supuesto, la edición. Con estos elementos el cineasta puede comunicar y transmitir emociones, sentimientos, sensaciones, conceptos, que son, en sí, formas de ver e interpretar el comportamiento humano, porque, con sus películas, el realizador nos deja ver su particular visión del mundo en general.

Desde hace muchos años, el cine se ha convertido en una especie de escáner para estudiar la sociedad que lo produce, pues las películas son el fruto de una determinada mentalidad y de un determinado momento histórico. En consecuencia, la relación entre el cine y la sociedad es tan estrecha, que autores como Alba Ambròs y Ramón Breu consideran que el cine se ha configurado como la auténtica piedra de Roseta para analizar e interpretar hábitos, conflictos, aspiraciones, luchas sociales, fenómenos culturales, comportamientos y actitudes colectivas que se dan en los diversos grupos sociales, los cuales son filmados y presentados a los espectadores.
Partimos del hecho de que la integración del cine en el aula es una necesidad. No son pocos los profesores y las profesoras que se lo plantean desde hace tiempo; no obstante, podemos constatar que se carece de propuestas didácticas viables para saber cómo introducir y aprovechar las producciones cinematográficas con una finalidad educativa. No basta con llevar el cine a las aulas, pues las experiencias concretas nos demuestran que, en el mejor de los casos, se proyecta una película a los estudiantes pensando que, por ese simple hecho, éstos ya están motivados para debatir su contenido, que pueden comprender las intenciones de proyectárselas, así como el contenido del filme y que, por tanto, se lograrán los objetivos propuestos.

La realidad nos dice lo contrario, quizás uno de los motivos que dificultan ese proceso, es la ignorancia y la falta de cultura audiovisual que padecemos, las cuales no han venido solas, sino que proceden avaladas por el modelo mayoritario de televisión, que nos convence de que la única manera de construir imágenes y contenidos audiovisuales es la suya, y que, en realidad contiene una carga imponente que insiste en la miseria cultural, en la humillación intelectual y personal, en formas rutinarias y empobrecedoras, con la trivialización de los valores democráticos, en la promoción de contravalores, en la exaltación de la pasividad crítica y en la alienación más deprimente de la ciudadanía.
La función mediadora que tiene este modelo televisivo dominante entre nosotros, impulsado por tanto por empresas públicas como privadas, tiene consecuencias catastróficas, pues la mayoría del público actual ha perdido la capacidad de contemplar toda la densidad que pude ofrecer el relato cinematográfico, ya que se ha acostumbrado a la recepción pasiva del flujo incesante de imágenes heterogéneas, que —podemos afirmar— nos colonizan totalmente la mirada, al no facilitar el conocimiento más amplio del mundo; pues el incesante consumo indiscriminado de imágenes provoca el olvido inmediato de todo aquello que se ha visto. Esta pérdida de memoria la tienen muy en cuenta los publicistas a la hora de construir sus mensajes basados en la reiteración y la redundancia. Por otro lado, la televisión que se concibió inicialmente como un servicio público, se ha convertido en un negocio muy lucrativo, en donde el cliente no es el espectador, sino el anunciante.
Por todo ello, es necesario construir un modelo mediático diferente y alternativo, y el lugar idóneo para construirlo es la institución educativa, en donde se puede comenzar con la formación de espectadores, desde los hábitos más básicos para, posteriormente, plantearse objetivos más amplios, como el estudio de escuelas, movimientos o perspectivas estéticas del cine. Esta es una de las formas en que se relaciona la educación con el cine.
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]]>docente de la ENMJN
Mucho tiempo después de que los humanos se empezaran a comunicar con gritos, sonidos guturales, gestos y movimientos corporales, se les ocurrió dibujar lo que querían expresar. De esa manera, nacieron los ideogramas, donde el dibujo de una casa se “leía” o “lee” ‘casa’, el de un árbol se “lee” ‘árbol’, el de un perro, ‘perro’, y así sucesivamente.

Con el paso del tiempo, este mecanismo de comunicación se enfrentó a problemas insuperables, por ejemplo, los dibujos se fueron simplificando al grado que terminaron siendo irreconocibles. Por otra parte, se requirió comunicar, ya no sólo la referencia a un objeto o a un animal, sino a un hecho, a una acción o a una intención, donde el dibujo requerido para expresar sería sumamente complejo y quizás impreciso. Podemos imaginar situaciones que probablemente no enfrentaron, pero pensemos cómo podríamos crear una imagen de palabras o de conceptos como ‘belleza’, ‘honradez’ o ‘pureza’.

Es por eso que la idea —probablemente fenicia— de escribir las palabras sonido por sonido, fue un acierto, una construcción maravillosa: así nacieron los alfabetos. Pero entre los ideogramas y los alfabetos se ensayaron propuestas alternativas de escritura, como los jeroglíficos egipcios que, por largo tiempo, fueron incomprensibles y causaron grandes discusiones, hasta que el lingüista y egiptólogo francés Jean-François Champollion descubrió que en realidad se trataba de “letras”; esto es, de fonemas gráficos que representan sonidos. Lo mismo ocurre con el idioma maya, todavía los arqueólogos y lingüistas discuten los aspectos ideográficos y los fonéticos.
Hipotéticamente, se puede afirmar que si existiera una lengua, cuya escritura fuera únicamente ideográfica, desaparecería con el paso del tiempo, pues llegaría el momento en que nadie sabría cómo interpretar sus signos, esto justamente es lo que ocurrió con los códices mesoamericanos y, durante mucho tiempo, con los jeroglíficos egipcios. La ventaja de crear un signo para cada sonido siguiendo la idea original de los fenicios, es que siempre se leerá, por ejemplo, el vocablo ‘perro’ en donde se vean los signos p-e-r-r-o, así como conceptos abstractos como pureza p-u-r-e-z-a.
No obstante, la escritura fonética con la que se construyeron los alfabetos también presenta sus dificultades de lectura y, por supuesto, de escritura. Al igual que los ideogramas y los jeroglíficos, quienes los elaboraban le daban un significado específico a cada imagen que realizaban y que la mayoría de los integrantes de su comunidad desconocía, por lo tanto, no podían interpretar ni comprender lo que los escribas egipcios o los tlacuilos mexicas, plasmaban en las pirámides o en los códices. Otra dificultad al respecto, se debe principalmente a los tipos de sonido que representan los signos en cada lengua en particular. Por ejemplo, en alemán el sonido correspondiente a nuestra ‘g’ lo representan con ‘ch”, en francés nuestra ‘ñ’ se escribe formando el dígrafo ‘gn’, el cual se derivara del latín; es más, los especialistas aún discuten si los romanos leían la palabra “agnus” tal como lo vemos o la pronunciaban “añus”.
Acaso, desde nuestra perspectiva, los mayores problemas de transcripción los presenta el chino, pues si del ruso, del alemán, del armenio, del griego, incluso del árabe podemos pasar de sus letras a las nuestras; del chino no es tan fácil, ya que nos enfrentamos directamente al uso de ideogramas. Es posible entonces “técnicamente” escribir lo que oímos. Cuando le preguntamos a un chino, digamos, cuál es el nombre de la capital de China en chino, escucharemos una palabra que los hispanohablantes escribiremos Peeyán, con “P” de ‘papa’. Pero quienes hablan inglés encontrarán que no es “P”, sino “B”, por ser la “B” inglesa más fuerte y semejante a nuestra “P”, y escribirán en consecuencia con “B” el nombre escuchado. Nosotros, que tenemos el sonido de la “P”, debiéramos seguir pronunciando Pequín y no como lo nombran los angloparlantes.
Los alfabetos nacen perfectamente adaptados a los idiomas que se expresan de manera escrita, pero ocurre que los idiomas varían más rápido en su forma hablada que en la gráfica, con lo cual aparecen modos escritos que no corresponden a los hablados. Sea como sea, se dice que las palabras que “nombran al mundo” y que constituyen las lenguas habladas en él, pueden ser o divinas o demoniacas.
Fernando del Paso, en su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, nos dice: “Se cuenta una fábula que ustedes deben conocer, de origen esópico y que sin duda influyó en la epístola de Santiago, que un hombre rico, para agasajar a un huésped distinguido, le pidió a su cocinero que preparara los mejores manjares del mundo. Y así lo hizo el cocinero: preparó cinco diferentes platillos de lengua. Ante la indignación del amo, el cocinero arguyó que nada había mejor en el mundo, porque con la lengua se bendice y se ora, con la lengua se canta el amor y se alaba a Dios. Al día siguiente, le presentó a su amo y al huésped los peores platillos del mundo, que por supuesto también eran de lengua, porque con la lengua se maldice y se calumnia, con la lengua se hiere y se blasfema”.
Recordemos que en el mundo se hablan alrededor de 6 mil lenguas, ¡6 mil formas diferentes de nombrar al mundo!
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]]>(Liverpool, 9 de octubre 1940-Nueva York, 8 diciembre de 1980).
Docente de la ENMJN
John Lennon nació en Liverpool el 9 de octubre de 1940 mientras aviones nazis bombardeaban su ciudad. Cuarenta años después, alrededor de las 9:00 de la noche del 8 de diciembre de 1980, Mark David Chapman le disparó por la espalda cuatro veces en la entrada del edificio Dakota en Nueva York, adonde vivía con Yoko Ono. Coincidencia histórica que su nacimiento y su muerte estén marcados por actos violentos.

Pero ¿qué representa o puede llegar a representar la imagen de John Lennon para muchas personas? Nos dice Luis Hernández Navarro que a Jorge Acevedo, fotógrafo mexicano, caminando por las calles de Roma en 1984, se le apareció un grafiti con los rostros difuminados de Carlos Marx y de John Lennon y un letrero escrito con aerosol bautiza al personaje: San Lennon.
La vigencia de esa imagen no depende sólo de la nostalgia beatle: estudios sobre la recepción contemporánea de Lennon señalan que, para buena parte de sus seguidores, la dimensión musical y la militancia por la paz permanecen entrelazadas, de modo que su figura funciona a la vez como celebridad popular y emblema político (Shaw, 2021).
Cuando Lennon cumplió once años, solía visitar a su mamá (Julia) que no vivía con él desde que John tenía apenas cuatro años de edad. El caso es que ella lo ponía a escuchar discos de Elvis Presley y le enseñaba a tocar el banjo. Posteriormente, el joven John estudió en la Escuela de Bellas Artes, única institución educativa que lo aceptó, y al cumplir los quince años resolvió sus dudas entre la pintura y la música.

En 1956 conoció a Paul McCartney, con quien formó su primer grupo: The Quarrymen, y a sugerencia de éste se les integra George Harrison. A principios de 1960, el incipiente grupo renació con el nombre de Long John and The Silver Beatles, que se redujo a The Silver Beatles, antes de quedarse, por supuesto, solamente en The Beatles. El término provenía de un juego de palabras inventado por el propio Lennon. Se dice que, como el grupo de acompañamiento de Buddy Holly se llamaba The Crickets (saltamontes), John se inspiró en ellos para mezclar el término musical ‘beat’, característico de toda una generación, y la palabra ‘beetles’ (escarabajos).
Ya con una gran fama a cuestas, y habiendo revitalizado la economía londinense, durante su actuación en el Royal Variety Show (1963) al que asistieron la Reina Madre y algunas otras figuras de la realeza británica, Lennon se burló del público comentando:
“Para nuestra siguiente canción, me gustaría pedirles su ayuda. Los de los asientos más baratos pueden aplaudir […] y el resto de ustedes basta con que hagan sonar sus joyas”.
En marzo de 1966, durante una entrevista con la periodista Maureen Cleave, del Evening Standard, Lennon comentó:
“El cristianismo se irá. Se desvanecerá y reducirá su tamaño […]. Somos más populares que Jesús ahora —no sé qué se irá primero, si el rock and roll o el cristianismo”.

El comentario pasó prácticamente desapercibido en Inglaterra, pero cinco meses después creó una gran controversia cuando se publicó en los Estados Unidos por la revista juvenil Datebook. Las consecuencias del escándalo fueron exageradas, pues se piensa que la quema de discos de los Beatles, la actividad del Ku Klux Klan, y las amenazas contra Lennon, contribuyeron a que la banda decidiera abandonar las giras. Y es hasta el 2008, que el Papa Benedicto XVI perdonó la osadía del músico inglés declarando al L´Osservatore Romano, periódico oficial del Vaticano:
“La declaración de John Lennon, que provocó una profunda indignación, después de muchos años suena tan sólo como una fanfarronada de un joven de clase trabajadora de Inglaterra, que tuvo que afrontar un éxito inesperado, después de crecer en la leyenda de Elvis Presley y del rock and roll.”

Otro hecho de gran relevancia fue la grabación de All You Need Is Love (“Todo lo que necesitas es amor”) canción compuesta por John Lennon. Esta fue interpretada en vivo por primera vez en Our World, ¡primera transmisión televisiva mundial “vía satélite” de la historia!, como se anunciaba por aquellos tiempos. La recibieron en 30 países y fue vista por más de 400 millones de personas el día 25 de junio de 1967. La BBC de Londres había comisionado a los Beatles para escribir una canción que representase al Reino Unido en este programa. Esta melodía es considerada como una de las canciones más famosas del grupo.

Recientemente la UNAM publicó el libro John Lennon: Un humanista subversivo. La obra trata el análisis del legado del pensamiento político del exBeatle, uno de los autores, Juan Luis Concheiro, lo define como “socialista intuitivo, partidario de la clase obrera, simpatizante de las izquierdas radicales y de la revolución, e incluso, comunista”.
Julio Muñoz, en una semblanza que él mismo reconoce como muy parcial, lo caracteriza como radical, romántico, feminista, icono del ateísmo, crítico de la familia, amante de la verdad, orgulloso de sus raíces obreras, pacifista y revolucionario. Y René Avilés Fabila lo ve como “algo más que un cantante, que un músico; era un revolucionario sincero, un agitador, un provocador necesario, indispensable, un tipo genial que no hizo más daño que llenarnos de excelente música y justas propuestas de cambio”.
Ese tránsito del músico al símbolo ha seguido produciendo efectos muy lejos de su tiempo y de su geografía: en las protestas de Hong Kong de 2019, los llamados Lennon Walls convirtieron muros cubiertos de notas ciudadanas en espacios de expresión colectiva, un indicio de hasta qué punto su nombre conserva una potencia asociada con la protesta pública y la imaginación democrática (Li & Liu, 2021).
En los archivos de desclasificación del FBI sobre el músico, después de una batalla que el historiador John Weiner libró desde 1981, se describen los detalles sobre los vínculos de Lennon con grupos de izquierda y opositores a la guerra de Vietnam en Londres en la década de 1970.
La interminable controversia sobre la afiliación política de Lennon volvió a subir de tono cuando el exoficial de inteligencia David Shayler, al servicio del M15, la agencia de espionaje británica, divulgó que el exBeatle financió con decenas de miles de libras esterlinas al Ejército Republicano Irlandés (IRA). Ya lo había hecho con el trotskista Partido Revolucionario de los Trabajadores.
La documentación reunida recientemente sobre la etapa de Mind Games permite mirar esa tensión sin separar creación y política: cartas, testimonios, manuscritos y archivos del periodo muestran que la presión migratoria y gubernamental convivió con campañas de protesta no violenta contra la guerra de Vietnam y con la defensa pública de los derechos de las mujeres, mientras Lennon y Ono transformaban ese conflicto en materia artística (Lennon & Ono, 2024).
Lennon retó al sistema como muy pocos músicos de rock lo han hecho. No fue expulsado de Estados Unidos como lo hicieron con Charles Chaplin, pero estuvo muy cerca de ser deportado.
En el año 2000 en un acto al que asistió Fidel Castro y otras autoridades de gobierno, además de intelectuales, músicos y artistas reconocidos, irónicamente también se encontraban presentes algunos de los que tuvieron que ver directamente en la decisión de prohibir a Los Beatles en Cuba, se develó la famosa estatua de John Lennon, obra del escultor cubano José Villa y tuvo lugar un concierto de rock simultáneo en la Tribuna Antiimperialista, en el parque que desde ese momento lleva el nombre de John Lennon.
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]]>Docente de la ENMJN
Cuando leemos o escuchamos algo acerca de Galileo Galilei, casi siempre creamos “su” imagen saliendo del juicio, en el que adjuró del heliocentrismo ante el tribunal de la Inquisición que le condenó en 1633, pronunciando en murmuro “eppur si muove”, (sin embargo se mueve). No obstante esta frase no aparece en ningún escrito del gran físico, ni tampoco en relato alguno de los presentes en el juicio.

Según el físico Bernardo Rivero, la famosa frase y el hecho que la convirtió en leyenda los encontramos por primera vez en la obra del viajero y escritor italiano Giuseppe Marc’Antonio Baretti, más de 120 años después. El acontecimiento que indujo al juicio y condena de Galileo, fue la publicación de una de las principales obras escritas del científico italiano: Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo (Dialogo sopra i due massimi sistemi del mondo).
La publicación en Florencia de esta obra como libro, en el año de 1632, provocó inmediatamente una fuerte polémica en el ambiente académico de la época, pues hay que recordar que las universidades estaban dominadas por la iglesia católica. Motivo por el cual Galileo finalizó acusado formalmente por “sospechas graves de herejía” ante la Inquisición, lo que condujo poco tiempo después a su condena. Como consecuencia de esa acusación, el libro fue incluido en el Índex[1] de publicaciones prohibidas, del cual no fue eliminado hasta 1822.

Mientras Galileo escribía, se refería a su libro como el Diálogo sobre las mareas; es más, fue bajo ese título que lo presentó a la Inquisición para pedir su aprobación: “Diálogo sobre la bajamar y el flujo de los mares”. Se documenta que la Inquisición le ordenó suprimir toda mención a las mareas del título y cambiar el prefacio, con el argumento de que dar permiso para ese título implicaría aprobar la teoría subyacente sobre el referido fenómeno, que intentaba demostrar el movimiento de la Tierra desde un punto de vista puramente físico. Como resultado, el título formal fue reducido a Diálogo, seguido del nombre de Galileo y de sus cargos académicos, con un largo subtítulo a continuación. El nombre con que usualmente se ha conocido la obra proviene justo de un subpárrafo de ese largo subtítulo.

Es importante señalar que el libro, a pesar de que tenía la intención de divulgar ideas científicas, fue escrito en italiano y no en latín como se usaba en aquella época para publicar la bibliografía académica. Además, con el propósito de que no fuera censurado por la Iglesia católica y su poderoso brazo, la Santa Inquisición, Galileo lo publicó como obra literaria. Para ello utilizó a tres personajes que, durante cuatro días, sostenían un diálogo, un debate sobre la concepción copernicana y aristotélica-ptolemaica del universo.

El primer personaje del diálogo es el Señor Salviati, quien es defensor del sistema copernicano y representa la propia visión de Galileo. Salviati es llamado “el académico” en honor a la membresía de Galileo en la “Academia del Liceo”, su designación proviene del apellido de uno de sus amigos: Filipo Salviati. Al segundo personaje le llama Simplicio, quien aboga por el sistema de Ptolomeo y Aristóteles; se considera que este representa una combinación grotesca de Ludovico delle Colombe y Cesare Cremonini, dos académicos de visión conservadora y rivales de Galileo. El nombre del personaje proviene de un filósofo del siglo VI, quien era férreo defensor de los fundamentos aristotélicos. Su posición ha sido caracterizada como una sátira del mismo Papa. Por último, tenemos a Sagredo, un novicio inteligente que representa una visión neutral, una postura de quien busca la verdad sin aferrarse a ningún dogma. Es nombrado así en honor a un amigo de Galileo, Giovanni Francesco Sagredo.
A pesar de que el libro está presentado formalmente como un debate en el que se considera la validez de ambos sistemas, se puede identificar fácilmente, en el desarrollo de la obra, que los argumentos copernicanos obtienen las preferencias del autor. El personaje de Simplicio claramente se encuentra superado en inteligencia e información por el de Salviati, y esta desventaja se traslada directamente al resultado del debate.
La discusión no se limita a los asuntos astronómicos, sino que se extiende sobre buena parte de la concepción científica de la época y demuestra lo que Galileo consideraba buena ciencia. Otras partes del libro son importantes para, mediante la discusión, ir contestando argumentaciones erróneas contra el movimiento de la Tierra. Lo ilustra a través de un “experimento” del pensamiento, en el cual un hombre está debajo de las cubiertas de una nave y no puede decir si la nave está atracada o se está moviendo suavemente a través del agua: él observa el goteo de una botella, peces nadando en un tanque, mariposas volando, etc.; y su comportamiento es exactamente igual si el barco se mueve o no. Ésta era una argumentación clásica con la que se refutaban las objeciones ingenuas sobre la naturaleza del movimiento, tal y como es percibido sin el auxilio del análisis científico.
Los temas de las discusiones de los tres personajes que describe Galileo se pueden dividir igualmente en tres aspectos:
La refutación de objeciones interpuestas por los filósofos tradicionales; por ejemplo, el experimento del pensamiento en la nave.
Las observaciones que son opuestas con el modelo Ptolemaico; por ejemplo, las fases de Venus, que dicho modelo excluye.
Las discusiones que demuestran la invalidez de la teoría unificada de los cielos que los filósofos tradicionales sostenían, y creada para probar que la Tierra era inmóvil.
Estas discusiones soportaron el devenir del conocimiento durante los 350 años siguientes a su publicación, No obstante Galileo introdujo un cuarto punto de discusión, el más importante y por el cual fue juzgado y condenado por la Inquisición:
La explicación directa del movimiento de la Tierra por medio de una argumentación relacionada con el fenómeno de las mareas y la dinámica oceánica.
Si bien es una línea de pensamiento incorrecta como descripción del efecto de las mareas en el movimiento terrestre, y constituye un fracaso a la vista de explicaciones posteriores, Galileo estaba orgulloso de tal argumento y dedicó el cuarto día a su discusión. El grado de invalidez es, como casi todo lo que se relaciona con Galileo, asunto de controversia.
Su argumento, aun equivocado, es brillante y propio de su genio. Consiste en que el movimiento rotatorio de la Tierra, al moverse en su traslación alrededor del Sol, hace que los puntos situados en la superficie del planeta sufran aceleraciones y deceleraciones cada 12 horas, lo que, según él, sería la causa de las mareas. En esencia, el argumento es correcto, y dicha fuerza existe en realidad, sin embargo, su intensidad es muchísimo menor que la que él calcula, y, desde luego, no es la causa de las mareas. El error proviene del desconocimiento de datos importantes, como la distancia al Sol y la velocidad de la Tierra.

Si bien estaba equivocado, Galileo desacreditó completamente la teoría del origen lunar de las fuerzas causantes de las mareas, por falta de explicación de su naturaleza, y por el problema de la explicación de la marea alta cuando la Luna está en sentido contrario, pues alega que la fuerza sería atractiva (para quien esté situado sobre la superficie de la Tierra orientada a la Luna) y repulsiva a la vez (para quienes estén situados en la superficie de la Tierra contraria a la Luna). Fue necesario esperar hasta Isaac Newton para resolver este problema, no sólo en cuanto al esclarecimiento del origen de la fuerza, sino también del cálculo diferencial para revelar el doble abultamiento. Pero, aun equivocada, situada en su contexto, la tesis de Galileo presentaba menos problemas y era más plausible en su explicación de las mareas.
Los invito a que busquen, lean y gocen de esta maravillosa obra, de tan sólo 30 páginas, por la que ha pasado a la historia Galileo Galilei.
[1] El index librorum prohibtorum et expurgatorum (índice de libros prohibidos) fue una lista de publicaciones que la Iglesia católica catalogó como perniciosos para la fe. Fue creada por la Sagrada Congregación de la Inquisición en 1559.
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